Hombre de espaldas corriendo por una carretera sin fin

Dean Karnazes, el hombre que puede correr sin descanso

Karnazes se dio cuenta de que era biológicamente diferente cuando se preparaba para correr 50 maratones en 50 días

Todos hemos sentido esa sensación de quemazón, de latido veloz del corazón, de agotamiento pulmonar, de fatiga muscular: es cuando el cuerpo nos indica que se ha quedado sin combustible.

Si en algo se diferencia Karnazes del resto de los mortales es que su performance fisiológica desafía a la convención: ha corrido maratones en el Polo Sur a temperaturas de 25 grados bajo cero y carreras sobre arena (como la famosa Marathon des Sables), pero jamás en su vida tuvo calambres o agotamiento muscular, incluso luego de correr más de 160 kilómetros de recorrido. Sus únicos límites, parece, están en la mente.

A cierto nivel de intensidad, siento que puedo seguir y seguir sin cansarme.  Es bueno saberlo si planeo correr una distancia larga”, cuenta Dean.

Al correr, el cuerpo rompe glucosa para obtener energía, produciendo ácido láctico, un producto secundario que también puede ser fuente de energía. Al superar el umbral de lactato, crece la acidez en los músculos, generando cansancio. Ahí es donde uno debe detenerse, cosa que Karnazes nunca sintió.

“Para serte sincero, lo que  eventualmente me pasa es que me da sueño. He corrido tres noches sin dormir y la última se me volvió un poco psicótica. He experimentado trechos de corrida en sueños, cuando me iba quedando dormido en movimiento”, confiesa el corredor oriundo de California.

Una persona biológicamente diferente

Karnazes se dio cuenta de que era biológicamente diferente cuando se preparaba para correr 50 maratones en 50 días, de punta a punta de los Estados Unidos, en 2006. 

Mujer atándose los cordones de las bambas agachada en el suelo
A cierto nivel de intensidad, siento que puedo seguir y seguir sin cansarme | Getty Images

“Me mandaron a un centro de pruebas en Colorado, donde me midieron el ácido láctico. Dijeron que no tardarían más de 15 minutos, pero luego de una hora vinieron a decirme que nunca habían visto nada así”.

Muchos atletas pueden tener una buena capacidad aeróbica – que se mide analizando el desempeño del sistema cardiovascular del deportista – pero no es tan común que un cuerpo pueda extraer ácido láctico de la sangre a toda velocidad para transformarlo nuevamente en energía.

El entrenamiento puede ampliar el umbral de lactato, dado que mejora la capacidad muscular, pero hay capacidades que son innatas y que no pueden mejorarse con rigor deportivo. Es el caso de Karnazes, quien se enamoró de correr desde temprana edad, y cuyas virtudes se empezaron a notar en la secundaria. Ya de adolescente era capaz de correr 105 vueltas sin agotarse, mientras que sus compañeros corrían 15.

“Mis músculos no se cansan. Y eso, según me dicen, es hereditario. ¡Dicen que lo mejor que puedes hacer como corredor de larga distancia es elegir bien a tus padres!”, bromea el corredor, cuya especialidad son las maratones.

Pero tampoco es cuestión de creerle todo: Dean sí entrena, y mucho, y además cuida mucho su balance corporal: mantiene bajas las grasas corporales, baja la tasa de dulces, lleva una dieta alcalina y se preocupa de no exponerse a toxinas ambientales. Así, ayuda a su cuerpo a transformar más velozmente ácido láctico en glucosa y así obtiene más energía más rápido.

“Mi hermano juega al vóley, no corre demasiado. Me da mucha curiosidad saber si él también tiene el mismo don físico que yo, pero depende de él demostrarlo”, bromea una vez más el supercorredor, casi un superhéroe de las pistas.